
Chico: “El imperativo categórico me parece a mí, no admite restricciones ni tiquismiquis, es una ley moral de carácter, digamos, trascendente, como si nuestra voluntad fuera, diría yo, la realización de una ley universal que…”
Chica: “¿En mi casa o en la tuya?”
“Se cuenta de Tales – según leemos en Platón (Teeteto 174a) – que, mientras se ocupaba de la bóveda celeste, mirando a las estrellas, cayó en un pozo. Se rió de él entonces una sirvienta tracia, diciéndole que mientras deseaba con toda pasión llegar a conocer las cosas del cielo, le quedaba oculto aquello que estaba ante su nariz y bajo sus pies. “Esta burla viene muy bien a todos aquellos que dedican su vida a la filosofía”, añade Platón.”
El pobre de Sócrates

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